Desarrollo y formación financiera para la gestión de recursos
Conferencia pronunciada por Rafael Guardans Cambó, Presidente Ejecutivo de Fundeso, en el X Encuentro Iberoamericano de la Sociedad Civil, celebrado en Rosario, Argentina, en septiembre de 2010. Su organización ganó el Premio Latinoamericano a la Responsabilidad de ONG en 2009.
I.
Como no puede ser de otro modo, agradezco a los organizadores que hayan querido contar conmigo para el nada fácil reto de hablar de un tema poliédrico como la formación financiera para la gestión de recursos, dentro de un contexto de desarrollo.
Demasiadas veces la gente piensa que los que nos dedicamos al sector social no pudimos o no supimos abrirnos camino en el “mundo de verdad”, en el de los negocios y los dineros. No es que ignoren que alguien se tiene que ocupar de lo que nosotros nos ocupamos para que la sociedad pueda funcionar, bien saben que sin nosotros, sin nuestra acción social, ellos no podrían ni levantar las persianas de sus negocios, pero en el fondo, más de uno piensa que nuestro voluntarismo es más grande que nuestra profesionalidad y, de alguna manera pueden llegar a poner en duda nuestra capacidad para una gestión adecuada y sostenible de los recursos a los que tenemos acceso.
El mundo está cambiando a velocidades vertiginosas y ese cambio afecta de lleno al Tercer Sector. Si la profesionalidad tuvo que ser siempre un requisito para la gestión de entidades de acción social, en estos tiempos en que todo se pide en tiempo real, en que la red nos permite simultanear un sinfín de escenarios vitales diversos, es especialmente importante someter el voluntarismo y el entusiasmo a los más altos niveles de eficiencia.
II.
Más de una vez me ha gustado teorizar sobre la idea de que es muy arriesgado pensar y actuar como si nuestras entidades tuviesen un derecho constitucional a ocuparnos de los más necesitados, y de otras iniciativas sociales, y a ser retribuidos por ello. No nos engañemos, nuestro “derecho” tiene que estar basado en la eficiencia y en la calidad de nuestro servicio, de modo que si de repente la empresa MAPFRE O KPMG quisiera incursionar en nuestro sector, nuestra fuerza para disuadirles, tiene que pasar por la relación calidad precio de nuestros servicios, por la excelencia de nuestros programas y por la fidelidad de nuestros “usuarios/clientes”.
No estoy jugando con hipótesis de ficción; ¿creen ustedes que cuando hace 25 años algunas valientes ONG iniciaban programas de microcrédito (en ocasiones con apoyo del BID, a través de su programa de Pequeños proyectos), podían imaginar que un día tendrían que estar compitiendo en eficiencia y costes con la gran banca, interesada ya en ese mismo sector? Me atrevo afirmar que nunca lo pensaron, pero que a la larga esa dura competencia ha sido muy sana para el sector de las micro finanzas.
Si asumimos lo que acabo de decir, estemos todos de acuerdo en que precisamente por la importancia de la misión de las entidades a las que representamos, es doblemente importante que la calidad de nuestra gestión no defraude a aquellas y aquellos a los que decimos querer servir.
Quizá alguna o alguno pueda sentirse “agredido” por la dureza de mis palabras, de las que se podría deducir que pongo la misión y la visión de nuestras entidades, los altos fines que movieron a los fundadores a ponerlas en marcha, por detrás de una eficiencia casi empresarial. No querría herir a nadie, pero no me desdigo de lo dicho. No cabe duda de que no todo el mundo es útil para todo, y que tiene que haber lugar, y de hecho lo hay, para que cada uno se realice en aquellas funciones que le son más propias, pero esta evidencia no puede ocultar el hecho incontestable de que la eficiencia en general, y la buena gestión financiera en particular, son como mínimo tan importantes como el entusiasmo y el voluntarismo para llevar a buen fin las obras en las que estamos embarcados.
III.
Nuestro sector está llamado a ser el más eficiente de los sectores, el más exigente en cuanto a la transparencia, el óptimo en cuanto a la gestión financiera, el primero en la atención al usuario/cliente, el más empeñado en evitar la duplicidad de esfuerzos… en todo, y siempre, el mejor. No estoy hablando de un plus, de un extra opcional, estoy hablando de una exigencia que nos tenemos que imponer cada uno de nosotros, y, por contagio, unos a otros.
Una y otra vez debemos repetirnos que nos lo piden así las personas para las que trabajamos, nos lo exigen nuestros donantes y tiene derecho a exigírnoslo el conjunto de la sociedad al aceptar que tengamos (en la mayoría de los países) un tratamiento fiscal más favorable que los demás…. más favorable que MAPFRE o KPMG, por volver a los ejemplos de antes.
Sé que nada de lo que digo es nuevo para la inmensa mayoría, pero no está de más recordarlo. En estos días me ha alegrado mucho saber que el Centro Mexicano para la Filantropía, CEMEFI, tiene un Programa llamado “Efectividad y Transparencia” que busca “incrementar la calidad, efectividad y transparencia de las prácticas de gestión institucional de las organizaciones del sector, a través de la promoción y adopción de estándares y el establecimiento de espacios, mecanismos e instrumentos de articulación y vinculación entre los miembros del Cemefi”.
Así debería ser en todos los países y esta debería ser una prioridad de todas las redes de Fundaciones o de entidades del tercer sector.
Si me lo permiten mencionaré que Fundeso, la fundación que presido, está auditada por auditores externos desde el comienzo de su gestión, y desde esa misma época sometida a los controles del organismo público responsable de la supervisión de las fundaciones en España. No satisfechos con esto, hace ya casi diez años decidimos someternos a los exigentes requerimientos de la Fundación Lealtad para ser calificados en su “Guía de transparencia y buenas prácticas”, que abarca principios como el de Funcionamiento y Regulación del Órgano de Gobierno, el de Claridad y Publicidad del Fin Social, el de Planificación y Seguimiento de la Actividad, el de Comunicación e Imagen Fiel en la Información, el de Transparencia en la Financiación y Pluralidad en la Financiación, el de Control en la Utilización de Fondos y Cumplimiento de las Obligaciones Legales. Les puedo asegurar que es un trabajo de chinos estar al día con todas estas exigencias, pero que vale la pena hacerlo.
Pues bien, por si todo esto fuese poco, más recientemente decidimos hacer el no pequeño esfuerzo de someternos a las exigencias de la Norma ISO 9000. Como sabrán, la Norma ISO es una referencia mundial basada en las propuestas de la Organización Internacional para la Estandarización, que especifica los requisitos para un buen sistema de gestión de la calidad. La Certificación ISO, concretamente la ISO 9000-2008 certifica aspectos clave de la organización como: Sistema de gestión, Responsabilidades de la Dirección, Gestión de los recursos, Realización del producto, Medición, análisis y mejora
No les voy a cansar más en esta línea, pero espero haber sabido dejar claro cuán convencido estoy de la importancia de la excelencia en la gestión de las entidades sin ánimo de lucro.
IV.
Sé que voy ya en la frontera del tiempo, pero no querría terminar sin abrir otro campo de reflexión que, desde mi punto de vista, entra de lleno en el ámbito del que nos estamos ocupando.
Hace un momento mencionaba entre los principios que controla la Guía de Transparencia y buenas prácticas, el de la pluralidad de en la financiación. No es un asunto menor; no lo es para el fabricante de toallas o de juguetes -que debe evitar que una sola red comercial acapare un alto porcentaje de su producción, ya que el día que o prescindan de su s productos, o le aprieten demasiado los márgenes, le pueden dejar fuera de juego- y no debe serlo para un entidad del sector social.
Es una maña práctica depender únicamente de una fuente de financiación, por abundante, fácil y cómoda que ésta sea; hay que diversificar cuanto más se pueda, midiendo que con ello no se disparen los costes de gestión, pero asegurándonos que el día que falle uno de nuestros financiadores habituales no quedamos fuera de juego. No ignoro que la meta puede parecer difícil de cumplir, pero debemos convencernos de que es una exigencia no negociable.
Un viejo amigo colombiano me decía en una ocasión que los responsables de entidades de acción social debemos tener claro, y ayudar a que lo entiendan quienes nos rodean, que “sin ánimo de lucro” no es no es un término sinónimo de “con ánimo de pérdida”. Y por si esa idea no hubiese quedado suficientemente clara, él llegaba a bromear en que puestos a jugar con las palabras prefería combinar “Sin ánimo de lucro” con “sinónimo de lucro”, antes con “con ánimo de pérdida”.
Espero que nadie se haya escandalizado y que no me echen del Consejo Consultivo de los Encuentros Iberoamericanos por haber dicho semejante herejía, pero, una vez calmados los ánimos y visto que no entran los de seguridad para hacerme callar, les animo a que jueguen con estos conceptos como con los colores del cubo de Rubik.
Más allá de la crisis actual, con las consiguientes limitaciones para el acceso a “unrestricted funds”, como dicen en Estados Unidos, creo que ha llegado el momento de que todos pensemos en programas e iniciativas generadoras de recursos, no sólo para cubrir los gastos propios del programa, sino para apalancar otros o para permitir lanzar nuevas iniciativas que, a su vez, deberán cubrir sus gastos y preparar el lanzamiento de otras nuevas.
La globalización y la red nos han abierto muchas oportunidades para trabajar de un modo distinto a como lo hacíamos hasta ahora, y estaríamos generando un auténtico lucro cesante si no lo hiciésemos. La condición previa para lo que planteo son precisamente la eficiencia, la transparencia y las buenas prácticas; y si nuestras estructuras y modos de proceder son eficientes y competitivos, debemos perderle el miedo a incluir iniciativas generadoras de recursos en nuestra planificación estratégica.
Podría tomarme el doble de tiempo del que ya llevo consumido entrando ahora en este nuevo campo, pero no estaba en el programa y no lo voy a hacer. Sencillamente he considerado que era el colofón perfecto para una reflexión como la de esta tarde. |